Coca-Planta

Rica en calcio, hierro, magnesio, zinc, aminoácidos, vitaminas, y con más de 11 alcaloides, la hoja de coca posee una composición química y nutricional excepcional. Prácticas impulsadas por artistas, científicos y comunidades han revelado su versatilidad: la planta puede transformarse en harina, tinte natural, fibra, papel, aceite o crema para la piel, e incluso en fertilizante agroecológico capaz de restaurar suelos degradados por el glifosato, un herbicida de amplio espectro desarrollado por Monsanto y utilizado por el gobierno colombiano en campañas de fumigación aérea para erradicar cultivos ilícitos de coca.

Desde el punto de vista ecológico, la coca demuestra una adaptabilidad extraordinaria. Crece en una amplia variedad de suelos y altitudes —desde el nivel del mar hasta los 2.500 metros—, desarrollando múltiples variedades adaptadas a entornos tan diversos como la selva amazónica, el piedemonte andino-amazónico y las montañas de la Sierra Nevada. A lo largo de los siglos, esta plasticidad biológica ha asegurado su supervivencia y ha entrelazado a la planta con los saberes agrícolas, rituales y simbólicos de las comunidades que la cultivan. Los nombres de sus variedades —pajarita, boliviana, peruana, amarga— reflejan esta relación profunda y la memoria cultural que porta, y evocan el vínculo histórico entre la planta y las comunidades campesinas que la han cultivado durante generaciones.

Coca – Planta reúne obras de arte que exploran la planta de coca como un ser vivo a través de sus dimensiones físicas, biológicas, ecológicas, nutricionales y curativas. Varias de las y los artistas incluidos en esta línea investigan estas intersecciones, experimentando con la plasticidad de la planta para generar color, textura, fibras o papel, celebrando la vitalidad material de la planta de coca.
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