“Los Confundidos”: un documental sobre la coca en la ONU
Escrito por
Giselly Mejía
Por más de 60 años, las decisiones sobre la hoja de coca se han tomado lejos de los Andes — sin las comunidades que han vivido con la planta durante generaciones.
El 12 de marzo de 2026, en Viena, durante la 69ª sesión de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas (CND), se estrenó Los Confundidos — un documental de 19 minutos dirigido por los colombianos Daniel Pineda y Nicolás Martínez que lleva las voces de comunidades indígenas y campesinas de Perú, Bolivia y Colombia a uno de los escenarios de política internacional más influyentes del mundo en materia de drogas.
La respuesta en sala fue contundente. "Fue todo un éxito. A la gente le gustó mucho, conmovida hasta las lágrimas. Y se logró el objetivo; lo que a nosotros más nos llena es que se mandó el mensaje y que las voces de toda esta gente están ahí en estos escenarios de toma de decisiones", contó Nicolás Martínez, uno de los directores.
Por qué este documental existe ahora
En 1961, la Convención Única de Estupefacientes de la ONU clasificó la hoja de coca en la Lista I — la misma categoría que la heroína y la cocaína, reservada para sustancias de alto riesgo y sin uso médico reconocido. Para entender por qué esa clasificación es tan controvertida, ayuda un dato: se necesitan aproximadamente entre 300 y 600 kilogramos de hojas de coca frescas para producir un solo kilogramo de cocaína refinada. Entre la hoja y el polvo hay un proceso químico industrial largo y complejo. La planta y el alcaloide no son lo mismo.
Desde 1961 ha habido varios intentos de revisar esa clasificación, ya sea para reconocer el uso medicinal y tradicional de la hoja o para removerla del sistema de fiscalización internacional. Ninguno prosperó. El intento más reciente fue impulsado por el gobierno de Bolivia hace aproximadamente dos años, al que se sumó Colombia. La CND abrió un nuevo proceso de revisión que incluyó una evaluación del Comité de Expertos en Drogodependencias (ECDD) de la Organización Mundial de la Salud. En diciembre de 2025, la OMS publicó su decisión: recomendó mantener la hoja de coca en la Lista I, sin cambios (Ver comunicado final).
Un viaje por seis territorios y tres países
Pineda y Martínez recorrieron seis regiones en tres países — Los Yungas y Cochabamba en Bolivia, Quillabamba y el VRAEM en Perú, y la Sierra Nevada de Santa Marta y el Cauca en Colombia — capturando paisajes de una belleza notable y conversaciones íntimas con personas que cultivan, usan y conocen la coca de toda la vida.
Estas no son comunidades vecinas; están separadas por miles de kilómetros, hablan lenguas distintas y tienen historias propias. Son pueblos andinos — habitantes de la cadena montañosa más larga del mundo, donde la coca crece silvestre y ha sido cultivada desde hace al menos 8.000 años. Y sin embargo, todas comparten una relación profunda y cotidiana con la misma planta. La coca no es la tradición de un grupo pequeño o aislado: es un vínculo cultural que atraviesa una geografía enorme y una diversidad extraordinaria.
Entre los momentos más conmovedores del documental está la forma en que los campesinos e indígenas hablan de la planta. La llaman "coquita" — un diminutivo, la forma cariñosa en que se habla de alguien querido. Cuentan cómo la conocieron de niños, cómo sus padres y abuelos les enseñaron a usarla, y cómo está presente en los momentos de trabajo, descanso, celebración y curación.
Los usos son concretos y cotidianos. Para los jornaleros del campo, la coca es un estimulante suave que ayuda a tolerar largas jornadas de trabajo físico en altura. Para comunidades con acceso limitado a servicios de salud, es medicina: alivia el mal de altura, los dolores de estómago, y complementa dietas bajas en calcio — la hoja tiene, de hecho, alto contenido de calcio, hierro y vitaminas.
¿Quiénes están confundidos?
El título del documental tiene su propia ironía. Los confundidos no son los campesinos andinos y comunidades indígenas que han cultivado coca durante miles de años. Son quienes, durante más de 60 años, han regulado una planta que apenas conocen. El documental abre una ventana a una relación con una planta a través de imágenes hermosas y cotidianas de gente real. Y eso es, quizás, lo que lo hace más efectivo.
"Sí, sabemos que la ONU siempre está controlando la hoja de coca, y realmente yo les digo a otros países que me están escuchando o me van a ver o me están viendo: quisiera que no la satanicen. Nosotros tampoco, como productores de hoja de coca, queremos que vaya al narcotráfico, ya sea la droga. Quisiera que en su estado natural se consuma, tal como es"
— Cynthia Mollo, Huayrapata, Coripata (Bolivia)
"No nos han consultado a nosotros sobre ese tema de la coca. O sea, eso quiere decir que la cultura occidental tiene esa mente de acabar, realizando y practicando el etnocidio. Esto es una agresión. Si en 25 años no lo han logrado y ahora siguen ratificando, no lo van a lograr. Y van a quedar en una vergüenza, y es una vergüenza mundial hoy en día, para la ciencia principalmente."
— Genaro Cahuana, líder campesino de Quillabamba (Perú)
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